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Observatorio Astronómico de Gaocheng

En la provincia de Henan, el Observatorio de Gaocheng (también llamado Observatorio de Dengfeng) guarda una de las historias más largas de la astronomía: las observaciones en este lugar se remontan a la Dinastía Zhou Occidental, hacia el 1042 a.C. Para entonces, la zona se consideraba el «centro del cielo y la tierra», y esa creencia empujó siglos de estudios celestes.

La estructura que hoy se ve es posterior. Se levantó en 1276, bajo la Dinastía Yuan, por encargo del emperador Kublai Kan y con diseño de los astrónomos Guo Shoujing y Wang Xun. El resultado de su trabajo fue uno de los calendarios más exactos de su época. En 2010, la UNESCO incluyó el sitio dentro de los «Monumentos Históricos de Dengfeng en el Centro del Cielo y la Tierra».

Mil años de miradas al cielo

El conjunto está en Gaocheng, a unos 12 km al sureste de Dengfeng, a 380 metros de altitud. La torre principal, de piedra y ladrillo, tiene forma trapezoidal: 9,46 metros de altura, 12,62 si se cuentan los gabinetes superiores. Delante corre el shigui, la «regla para medir el cielo», una senda de piedra de 31,19 metros de largo por 0,53 de ancho, formada por 36 piedras cuadradas con canales paralelos para mantener la nivelación.

Los instrumentos clave son tres:

  • El gnomon, montado entre los gabinetes superiores, que proyecta la sombra del sol.
  • El shigui, que mide esa sombra a lo largo de la senda.
  • El jingfu, con múltiples orificios, capaz de afinar la lectura hasta 2 milímetros.

La precisión del calendario Shoushi

Con esas lecturas, Guo Shoujing y su equipo fijaron el año tropical en 365 días, 5 horas, 49 minutos y 20 segundos, una cifra que difiere de los valores actuales en solo 26 segundos y que adelantó en unos 300 años al calendario gregoriano. La clave estuvo en un gnomon de 40 chi (unos 12 metros), una innovación de Guo Shoujing que permitió medir sombras con una exactitud inédita. El calendario resultante, el Shoushi, se promulgó en 1281.

Visitar el sitio

Al ser Patrimonio de la Humanidad, el lugar atrae a quienes buscan la historia de la ciencia más que el confort actualizado: los servicios son básicos. La torre y el shigui están bien conservados. Si se puede, conviene ir en una mañana de día laborable, cuando hay menos gente. Para horarios y visitas guiadas, lo práctico es consultar a las autoridades turísticas locales o al propio centro.

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